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Envidia y mal de ojo: cómo proteger nuestra energía

Foto del escritor: María Virginia Villamayor Dorotte
María Virginia Villamayor Dorotte
4 sept
4 min de lectura

No toda envidia nace de la maldad. A veces es una reacción humana, automática e incluso inconsciente. Comprenderla nos permite protegernos sin señalar a nadie, sin devolver daño y, sobre todo, sin apagar nuestro brillo.



Hay momentos en los que sentimos que una mirada pesa. Contamos un proyecto que nos entusiasma, compartimos una alegría o comenzamos a mostrarnos con más seguridad y, de pronto, percibimos cierta incomodidad alrededor. Popularmente solemos llamarlo "mal de ojo".


Desde lo espiritual, muchas tradiciones lo interpretan como la influencia que puede producir sobre nosotros una mirada cargada de envidia, deseo o admiración intensa. La ciencia no ha demostrado que una mirada transmita una energía capaz de enfermarnos o perjudicarnos. Sin embargo, la psicología sí puede ayudarnos a comprender por qué algunas interacciones nos afectan y por qué la envidia no siempre implica que alguien quiera hacernos mal.


La envidia también es una reacción del cerebro


El cerebro humano evalúa constantemente lo propio en relación con lo que observa en los demás. La comparación social nos ayuda a ubicarnos, aprender y reconocer lo que deseamos, pero también puede activar una sensación de carencia: “eso que ella tiene me recuerda lo que yo todavía no logré”.


Investigaciones con neuroimagen muestran que la comparación con otros puede modificar la respuesta cerebral asociada a la recompensa. Es decir, no valoramos nuestros resultados de una manera completamente aislada: también influye cómo creemos que nos está yendo en relación con los demás.


Por eso alguien puede querernos y, aun así, sentir una pequeña incomodidad frente a nuestro crecimiento. Puede alegrarse por nosotros y al mismo tiempo compararse. Las emociones humanas no siempre son puras, lineales ni conscientes.


También existe lo que la psicología denomina contagio emocional: durante una interacción podemos captar expresiones, tonos de voz, gestos y estados de ánimo y ajustar, muchas veces sin darnos cuenta, nuestro propio estado emocional. Esto no demuestra la existencia del mal de ojo como fenómeno sobrenatural, pero sí explica por qué a veces terminamos una conversación sintiéndonos tensas, inseguras o agotadas.


El problema aparece cuando interpretamos cada malestar como la prueba de que alguien nos hizo daño. Esa idea puede aumentar la vigilancia, la ansiedad y la sugestión. Protegernos no es vivir buscando enemigos; es aprender a distinguir qué emociones son nuestras, poner límites cuando sea necesario y no permitir que la percepción ajena defina nuestro valor.


La protección no necesita miedo


Una práctica espiritual saludable debería devolvernos calma y autonomía. Si un ritual nos deja más asustadas, dependientes o pendientes de lo que otras personas puedan estar pensando, entonces no nos está ayudando a recuperar nuestro poder.


Los rituales pueden funcionar como pausas simbólicas: ordenan la atención, marcan una intención y nos ayudan a atravesar la incertidumbre. Algunos estudios incluso han observado que las acciones ritualizadas pueden reducir la ansiedad percibida. Esto no significa que el agua, la sal o una vela tengan un poder científicamente comprobado contra la envidia; significa que el acto consciente puede ayudarnos a regularnos, recuperar claridad y recordar el límite entre lo propio y lo ajeno.


Ritual para limpiar la carga y volver a tu centro


Vas a necesitar:


  • Un vaso o cuenco con agua.

  • Una pizca de sal.

  • Una vela blanca, opcional.

  • Un papel y algo para escribir.


Buscá un lugar tranquilo. Si encendés la vela, apoyala sobre una superficie firme, lejos de telas y nunca la dejes sin supervisión.


1. Abrí el espacio


Ventilá la habitación durante unos minutos. Mientras lo hacés, pensá: “Abro espacio para que circule lo nuevo y se retire aquello que ya no necesito cargar”.


2. Prepará el agua


Colocá la pizca de sal en el agua. No es necesario atribuirle un poder literal: en este ritual representa la decisión de limpiar, ordenar y establecer un límite.


3. Nombrá lo que sentís


Escribí sin mencionar personas:


Suelto las miradas, comparaciones, comentarios y emociones ajenas que permití que alteraran mi paz. Ya no necesito interpretarlas ni cargarlas.


Evitá escribir nombres. El propósito no es acusar a nadie, sino regresar a vos.


4. Volvé al cuerpo


Apoyá una mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen. Hacé tres respiraciones lentas. Al inhalar, imaginá que recuperás tu energía. Al exhalar, soltá la tensión, la necesidad de aprobación y el miedo a ser vista.


5. Leé la oración


Oración de protección contra la envidia y el mal de ojo


Que toda mirada puesta sobre mí, consciente o inconsciente, sea transformada en luz.

Que ninguna comparación, pensamiento o emoción ajena altere mi paz ni interfiera en mi camino.

Devuelvo con amor todo aquello que no me pertenece y recupero mi energía limpia, completa y en calma.

Que mi alegría no incomode: que inspire.

Que mis logros no generen distancia: que recuerden que también es posible.

Y que yo nunca vuelva a apagarme para sentirme protegida.

Bendigo a quienes me miran con amor y también a quienes me miran desde sus propias heridas.

No recibo su dolor, no cargo sus carencias y no devuelvo oscuridad.

Estoy rodeada de luz. Mi energía permanece conmigo. Lo que nace del amor me alcanza.

Lo que no está destinado para mi bien se transforma y se aleja.

Así es. Gracias, gracias, gracias.


Para cerrar, rompé el papel y descartalo. Tirar el agua por el desagüe representa el final del ejercicio; después lavá el vaso con normalidad. Si encendiste una vela, apagála con cuidado.


No te apagues para sentirte a salvo


La verdadera protección no consiste en esconder nuestros proyectos, nuestra belleza o nuestra felicidad para evitar despertar algo en los demás. Consiste en sostenernos aunque no todas las miradas sean cómodas.


No podemos controlar lo que otra persona piensa al vernos crecer. Sí podemos decidir que su comparación no se convierta en nuestra inseguridad. Podemos ser compasivas sin absorber, poner límites sin atacar y seguir brillando sin pedir perdón.


Tal vez la mejor protección contra el mal de ojo sea esta: no entregar nuestra paz a una mirada ajena.


*Nota: este contenido integra una mirada psicológica y una práctica espiritual simbólica. No sustituye atención médica o psicológica.


Fuentes consultadas

[Social comparison affects reward-related brain activity in the human ventral striatum — *Science*, 2007](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18033886/)

[Social comparison in the brain: meta-análisis de estudios de neuroimagen — *Human Brain Mapping*, 2018](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29064617/)

[Emotional Contagion: A Brief Overview and Future Directions — *Frontiers in Psychology*, 2021](https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8322226/)

[The role of ritual behaviour in anxiety reduction — *Philosophical Transactions of the Royal Society B*, 2020](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32594878/)


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